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México, top 5 de los países que impulsan los edificios inteligentes y sostenibles en Latinoamérica

Por: Brigitte Solís Wolffson

La primera vez que escuché hablar de la certificación LEED (Leadership in Energy and Environmental Design), la sostenibilidad apenas se asomaba en las pláticas de obra. En mis inicios, hablar de edificios sostenibles era la excepción, no la regla.  Hoy, el panorama es distinto: los edificios inteligentes, sostenibles y resilientes se han consolidado como una prioridad, mientras que países como México y Brasil refrendan su presencia entre los mercados que impulsan esta transformación.

De acuerdo con el U.S. Green Building Council (USGBC), en 2025 se registran más de 7 mil 500 proyectos comerciales certificados LEED, que en conjunto suman 147 millones de metros cuadrados a nivel global. Estados Unidos se mantiene como el mercado más grande, con más de 50 millones de metros cuadrados certificados. En paralelo, el ranking de los 10 principales países y regiones en certificación LEED fuera de Estados Unidos está encabezado por China continental, seguida de India, mientras que Vietnam se incorpora por primera vez. En este contexto, México y Brasil destacan como los únicos representantes de Latinoamérica: México ocupa la quinta posición con 3 millones 294 mil 953 metros cuadrados certificados en 144 proyectos, y Brasil se sitúa en el séptimo lugar con 2 millones 933 mil 631 metros cuadrados en 171 proyectos.[1]

La expansión global de la certificación LEED responde a una evolución clara en la forma de entender los edificios. El USGBC señala que el crecimiento se ha visto impulsado por un aumento en las certificaciones para edificios existentes bajo la modalidad LEED O+M (Operaciones y Mantenimiento), lo que refleja un enfoque cada vez mayor en el desempeño operativo. Al mismo tiempo, los almacenes y centros de distribución se han convertido en un motor clave, tanto en obra nueva como en edificios en uso, impulsando estándares de eficiencia energética, reducción de costos y mejora continua.

En Latinoamérica, esta tendencia toma forma en dinámicas específicas. En México, la certificación verde se ha convertido en un indicador de calidad de los activos, confianza de inversionistas y acceso al financiamiento verde, transformando la manera en que se valúan, financian y gestionan los bienes raíces. Este avance se apoya en una mayor disponibilidad de créditos y bonos verdes, códigos de construcción más exigentes y expectativas de mercado más altas. En Brasil, el crecimiento se concentra en proyectos de edificios existentes, lo que evidencia una madurez del mercado orientada al rendimiento operativo y a la optimización continua de los activos.

Aunque LEED es el referente global, no es el único instrumento que impulsa la edificación sostenible. La certificación WELL, creada por el International WELL Building Institute (IWBI), incorpora criterios de salud y bienestar, mientras que EDGE (Excellence in Design for Greater Efficiencies), desarrollada por la International Finance Corporation (IFC) del Grupo Banco Mundial, se enfoca en la eficiencia de recursos.

En conjunto, estas certificaciones se alinean con las estrategias ESG (Environmental, Social and Governance) y permiten estructurar objetivos claros en reducción de huella de carbono y eficiencia energética.

Mi recorrido en la industria también está marcado por cambios que van más allá de lo técnico. Hace más de dos décadas, recuerdo cuando era la única mujer en una mesa de veinte ingenieros y maestros de obra; hoy veo a más mujeres liderando proyectos de edificación enfocados en la sostenibilidad y resiliencia del entorno construido.

La resiliencia se ha convertido en un eje central. Hoy, el diseño de edificios incorpora la capacidad de responder a condiciones climáticas cada vez más exigentes, especialmente en América Latina, una región expuesta de forma constante a inundaciones, sequías, sismos y otros fenómenos. Cada proyecto requiere soluciones específicas según su contexto, integrando desde el inicio criterios que permitan anticipar riesgos y garantizar un desempeño estable a lo largo del tiempo.

Actualmente, la edificación sostenible integra esta visión de resiliencia como parte de su esencia. Asimismo, la incorporación de herramientas de medición, analítica y tecnologías digitales facilitan el entendimiento del comportamiento del edificio y permite tomar decisiones informadas en tiempo real.

En este proceso, hay una constante: “lo que no se mide, no se puede mejorar”, como bien afirmaba Lord Kelvin. La digitalización, la telemetría, la analítica avanzada y las plataformas de sistemas de gestión energética (EMS) permiten entender cómo se comportan los edificios, identificar consumos —elevadores, climatización, iluminación— y tomar decisiones informadas para avanzar hacia la descarbonización.

La certificación LEED, junto con WELL y EDGE, sigue marcando la ruta hacia edificios inteligentes, resilientes y sostenibles, alineados con las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) y los objetivos de 2030 y 2050. México y Brasil continuarán desempeñando un papel relevante en este proceso, en la medida en que integren eficiencia, innovación y transparencia en sus desarrollos. El reto a futuro, sin duda, será consolidar la sostenibilidad en un estándar operativo y no en una tendencia dentro de la industria de la construcción en Latinoamérica.

 

[1] U.S. Green Building Council (USGBC). (2026, 2 de febrero). U.S. Green Building Council and Green Business Certification Inc. Announce the Top Countries and Regions for LEED Outside the U.S. Recurso disponible en: https://www.usgbc.org/articles/us-green-building-council-and-green-business-certification-inc-announce-top-countries-and

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