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Revista ContraIncendio 2017
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Entre el cielo abierto y las entrañas de la tierra

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La vida y la muerte se entretejen cada día para Alfredo, el minero mexicano que nos abre su pensamiento y su corazón sobre el tajo.

Ser minero es ser valiente sin saberlo,
ser fuerte sin comprenderlo,
entrar en la mina y callar,
callar sin querer hacerlo.
Porque en el tajo no hay nadie,
sólo está mi pensamiento,
el que me ayuda a liberarme,
y sentir que no estoy dentro de una mina.
Que apenas escucho el silencio,
y es tan enorme el silencio,
que necesito el martillo,
para no sentir miedo,
para escuchar algo más, que mis sonidos,
mi corazón, mi respiración, mi aliento.
Fragmento del poema “Ser Minero” de Jorge Del Nozal.

Alfredo Meza Murillo, minero de profesión, recibe al Crew de Revista Contraincendio en el umbral de su oficina.        Una vez sentados frente a él, rompemos el hielo presentándonos, y casi inmediatamente observamos un mesa repleta de fotografías: “Son mis hermanos”, señala Alfredo, mientras explica que esas fotos representan sus días en el campo minero con sus compañeros, hombres y mujeres con los que ha pasado gran parte de  su vida.

“Cuando uno inicia como minero, una quiere superarse en la vida por su familia, mantenerse vivo, pues tenemos una trabajo muy riesgoso donde nos toca trabajar en minas a cielo abierto, nos exponemos a temperaturas que rebasan los 48 grados centígrados. O llegamos a estar a mil 200 metros de profundidad, con millones de toneladas de tierra sobre nuestra cabeza, con una ventilacie, oladistinta a la que existe en la calle5 grados centrigrados que pasa gran parte de sus dllones de toneladas de tierra sobreón muy distinta a la que existe en la calle. Entre más abajo estés las condiciones de temperatura pueden ser más extremas. No te pega el sol, pero la humedad es un factor preponderante.

En México la normatividad vigente en el sector minero exige determinados procedimientos de seguridad a través de las Normas Oficiales Mexicanas expedidas por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social como: NOM-019-STPS-2011, Constitución, integración, organización y funcionamiento de las comisiones de seguridad e higiene. NOM-017-STPS-2008,  Equipo de protección personal-Selección, uso y manejo en los centros de trabajo. Y NOM-023-STPS-2012, Minas subterráneas y minas a cielo abierto-Condiciones de seguridad y salud en el trabajo.

La anterior, detalla los procedimientos para poder arrancar el mineral dentro de una mina subterránea, considerando el enmallado, anclaje, zarpeado, entre otros, que evitan los derrumbamientos. Aunque el riesgo siempre va a estar, sólo se minimiza, debe utilizarse el  equipo de seguridad adecuado al área donde el trabajador va a laborar.

Alfredo expone “Supongamos que tienes una temperatura de 30 grados, con una humedad de 60, esta última te puede elevar hasta 50 grados. No obstante, se toman las medidas precautorias necesarias para continuar con el trabajo y evitar que ocurra un incidente que lleve a un hermano al Centro Médico o lo que es peor, que se convierta en un  caído” (jerga entre mineros para explica la muerte de un compañero).

La bella Santa Rosalía, una pequeña ciudad enclavada en la parte central de la península de Baja California Sur, que se abre de frente al Mar de Cortés. Distinguida por sus calles estrechas y alineadas, fue la segunda ciudad en tener electricidad, luego de la capital del país; además ha sido cuna de la minería desde la conquista.

“En una mina trabajas bajo presión por el tiempo que tienes para sacar el trabajo adelante, de modo que un proceso no pare y provoque una disminución de ganancias”.

Alfredo oriundo de esta localidad, reconoce que la minería ha sido una  de las principales fuentes de empleo. “Somos un pueblo minero con alrededor de 10 mil habitantes.—Para muchos es la única opción para obtener ingresos sea por convicción o no—.Yo siempre quise ser minero”.

Recuerda con candor que cuando inició como aprendiz, asombrado por su nuevo quehacer, decidió no usar todo el equipo de seguridad; mojado hasta las rodillas trabajó y trabajó, absorbiendo olores y sabores de la mina donde se encontraba.  Súbitamente, comenzó a vomitar y no paro hasta llegar al Centro de Salud. “Desde ese momento entendí que debía darle valía a mi vida, ser responsable con mi propia integridad. La seguridad es primero”.

En un día normal de trabajo un minero debe utilizar: respirador, lentes, cinturón, guantes, overol, chaleco anti-reflejante, el auto-rescatador a la cintura, que pesa cerca de tres kilos, lámpara y botas de trabajo. Estas últimas cambian según el tipo de mina y las condiciones que existan dentro de esta. Por ejemplo, cuando hay mucha humedad deben utilizarse botas de hule.

“Entonces—revela Alfredo—, si la obligación de la empresa es proporcionar el equipo de protección adecuada, la obligación del trabajador es usarlo.  Aunque hay que reconocer que es muy pesado. ¡Imagínese estar a 50 grados de temperatura! ¿A poco no es incómodo?”

¿Y qué pasa si hay un incendio? “Más vale que no pase”, responde Alfredo. Dentro del sector minero, las minas son tan distintas como los colores.

Una mina de carbón subterránea, por ejemplo, manifiesta nuestro entrevistado, “es muy complicada por los diferentes tipos de de gases que hay, igual que una mina de manganeso. La situación se complica cuando hay un incendio, y esto se debe a que el incendio se puede salir de control debido a la circulación del aire. La única manera de apagarlo es cortar la ventilación, pero si la cortas ¡¿qué pasa?! matas al trabajador, por eso existe el auto-rescatador, un bote que dentro trae un químico, cuando hay un incendio, se debe aplastar para abrirlo, brota una especie de boquilla que se coloca en la boca y nariz, debe respirarse al momento, ya que garantiza tu vida. Pero por el tipo de químicos que contiene puede quemarte la boca”.

Otra razón elemental de por que los hombres y mujeres que trabajan en el sector minero se encuentran tan sensibilizados acerca de la seguridad personal, así como de la importancia de la normativa que los ampare, debido a que ellos son un fulgor para sus familias.

Alfredo Meza, es Mecánico Industrial AA, abarca especialidades en soldadura, mecánica industrial y también es técnico en bandas transportadoras. Hizo su pininos cuando tenía 15 años en una mina dedicada a la explotación de yeso a tajo abierto. “Uno inicia desde abajo como obrero, después sigue como ayudante, y así va ascendiendo a diferentes categorías”.

Ahora define su trabajo como un reparador de materiales. “El trabajo consiste en recuperar el desgaste en las bandas (que pueden abarcar distancias de más de 5 kilometros), las vulcanizamos o las “pegamos”, también instalamos motores, para qué el material pueda ser transportado. En una mina trabajas bajo presión, y no sólo de la tierra (risas) sino por el tiempo que tienes para sacar el trabajo adelante, de modo que un proceso no pare —continuidad de operaciones— y provoque una disminución de ganancias”.

En el presente, Alfredo labora para la compañía trasnacional Carbon S.A de C.V que sigue explotando yeso, mineral exportado para el sector de la construcción, farmacéutico, automotriz, etcétera. La mina a cielo abierto se encuentra a 5 kilometros de distancia de su natal Santa Rosalía. A la par se desepeña como Secretarío de Seguridad Social Previsión e  Higiene Industrial de Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana, una organización con 83 años de existencia.

“Yo soy sindicalizado, para mí el sindicalismo es un trabajo entre hermanos, una realidad que disfruto, para mitigar las injusticias que se viven, cuando se viven. Podría yo decir que una de las mejores legislaciones están aquí, en México, sólo hay que mantener el dedo en el renglón, para que mis hermanos trabajen en mejores condiciones, con mejores salarios, porque al trabajar en un mina sea a tajo abierto o subterráneo llevas un riesgo tremendo a cuestas” sentencia Alfredo.

Por: Dulce María Negrete Ramos

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