a
Revista ContraIncendio 2017
HomePrincipalEl panorama de los incendios

El panorama de los incendios

image_pdfimage_print

La falta de información estadística nos ciega acerca de la periodicidad con la que suceden los incendios y sus altos impactos sociales, económicos y medioambientales. Es tiempo de resolverlo y proponer políticas públicas que propicien una verdadera sociedad resiliente.

Hablar de los incendios es hablar de una problemática que aún, no se analiza ni se considera un tema de agenda pública, pues se sabe muy poco o nada de la periodicidad con la que suceden, dado que los medios de comunicación no les dan cobertura mediática, a menos que su impacto se salga de control.

Ejemplos sobran, como las tragedias ocurridas en las discotecas: Lobohombo donde perdieron la vida 22 y 12 personas, respectivamente. El lamentable caso de la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora, que cobró la vida de 49 niños; el Casino Royal de Monterrey en que fallecieron 52 personas; la explosión en el Complejo Pajaritos que dejó un saldo de 3 personas muertas y 136 heridos; o el producido en el mercado de pirotecnia “San Pablito” en Tultepec, Estado de México, que registro más de 72 lesionados y más de 36 muertos. Sin contar los numerosos incendios que ocurren en fábricas, centros comerciales, tiendas departamentales,  entre otros, en todo el país que cada vez son más frecuentes y que van en aumento.

No obstante, debido a que no existen estadísticas que muestren su frecuencia, así como el número de pérdidas humanas y las severas consecuencias para las víctimas y para su propio entorno, mismas que incluyen el costoso cuidado médico que muchas veces absorben las personas que sufren quemaduras, el desempleo temporal o permanente y sobre todo las secuelas físicas o mentales.

El impacto  económico, que si bien no se sabe con exactitud el costo de un incendio cuando éste consume una propiedad y la perdida que representa para la cadena productiva y su competitividad, pues, no es sólo lo que se quema, sino lo que ya no se produce, ya no se entrega y todo alrededor de la actividad que se paraliza; tampoco se mide el impacto ambiental debido a que no existen registros o medición de las toneladas al año de C02 que se emite a la tropósfera y a la atmósfera causada por los incendios.

Todo ello hace que sea más compleja la atención y prioridad para atender esta problemática, por lo que es necesario homologar la forma de reglamentar el registro de estos fenómenos con el objeto de generar una estadística que ayude a la evaluación de esta situación y generar políticas públicas al respecto.

Aun cuando estas estadísticas sobre el impacto de los incendios en nuestro país no ha sido una práctica común, en los últimos años la Asociación Mexicana de Rociadores Automáticos (AMRACI) y el Consejo Nacional de Protección Contra Incendios (CONAPCI), en conjunto con otras organizaciones se han dado a la tarea de investigar y recopilar información de los incendios en nuestro país, resaltando lo siguiente: los incendios son responsables de 31,2% de los desastres, ocasionan el 26,9% de toda la mortalidad asociada con los desastres por encima de los huracanes.

De los 2 mil 400 municipios que existen en México, se colecto información de 100 a través del Instituto Nacional de Transparencia y de los distintos cuerpos de bomberos, quienes señalan que en 2014, se atendieron más de 30 mil incendios urbanos en asentamientos urbanos, sin contabilizar los forestales, cifra verdaderamente alarmante considerando que crece de manera anual un 10 por ciento.

Los bomberos son fundamentales en el tema de seguridad, y quizás los que más deberían de contar con la atención de gobiernos, empresarios y sociedad en general, por que de ellos depende controlar los incendios originados.

Los incendios a diferencia de los sismos y huracanes, se presentan con más frecuencia. Sin embargo, la reglamentación para la seguridad humana y protección contra incendios en el marco jurídico mexicano actual es disperso.

Esto se ve reflejado en datos obtenidos por las aseguradoras que indican que en 2016, el costo por perdidas a causa de incendios rondó en 10 mil millones de pesos, sin considerar aquellas empresas que no están aseguradas y que sumas más del 60 por ciento.

En una recopilación de datos de incendios que han sido noticia en los dos últimos años, las edificaciones que sufren de éste tipo de conflagraciones están: 63.5 por ciento en casa habitación, 14.77 por ciento en bodegas, 13.05 por ciento en fábricas, 4.09 por ciento en locales comerciales, 3.48 por ciento en centros comerciales, museos, bancos, oficinas, estaciones de gas y 1.11 por ciento otro tipo de edificios.                                                         

Los principales estados que se han visto afectados por incendios son: Jalisco, Ciudad de México, Estado de México, Coahuila, Guanajuato, Chihuahua, Tamaulipas, Baja California, Durango, Puebla, Guerrero, Colima, San Luis Potosí, Morelos, Michoacán, Oaxaca, prácticamente en todo el país.

Por otro lado, la ST CONAPRA destaca que las quemaduras constituyen un problema muy serio, estas lesiones pueden dejar serias secuelas en los sobrevivientes, pueden perder ciertas capacidades físicas, y cicatrices que afectan su apariencia, incluso provocar la muerte.

La OMS, señala que cada año mueren 265 mil personas por incendios y el 96 por ciento de las quemaduras, por esta causa ocurren en países de ingresos bajos o medios, a diferencia de los países de ingresos altos que han logrado una considerable reducción de mortalidad entre su población.

Nuevamente, la ST CONAPRA subraya que de 2000 al 2014 fallecieron 10 mil personas por quemaduras, el 70 por ciento de las quemaduras se dan en hombres y por exposición directa a fuegos o llamas y humo mientras que los líquidos calientes están relacionados a lesiones no fatales y el 45 por ciento de estas ocurren en casa.

Entre los grupos con las más altas tasas de muerte, se incluyen los adultos de 55 o más años y los niños de 5 años o menos. La mayoría de esas muertes indica que la inhalación fue responsable de las dos terceras partes de las muertes y de un tercio de las quemaduras.

Constante desarrollo

El continuo desarrollo y crecimiento de las urbes, trae consigo la necesidad de contar con mayor infraestructura de servicios en: escuelas, centros de atención a la salud, lugares de entretenimiento, industria, vivienda, edificios altos con ocupación mixta, y ahora con las reformas estructurales, el interés de invertir y crear empresas debe servir para blindar a las ciudades en pos de mitigar los riesgos; nos obliga a mirar desde otra óptica los retos que de ello deriva en materia de construcción, regulación, seguridad, prevención de desastres y protección civil, ya sea por causas naturales o bien ocasionados por el hombre.

Pero, para entender mejor el tema de los incendios, debemos mirar la historia y lo que sucede no sólo en México sino en Latinoamérica, ya que más del 50 por ciento de los incendios suceden en países que no cuentan con una adecuada y suficiente regulación.

Específicamente, en el tema de la protección contra incendios hablamos de un problema de salud pública y que cada vez son más recurrentes no sólo aquí. 

Hoy la edificación está pasando por un proceso revolucionario, donde la construcción está incorporando nuevos materiales, asimismo, las tendencias hacia el desarrollo de ciudades sustentables que incorporan construcciones de uso mixto, representan nuevos desafíos al ser ocupaciones de alta concentración de personas y que conviven con otros locales que pueden almacenar materiales combustibles dentro de un mismo edificio, cuanto más actividad industrial se desarrolla, más riesgos y posibilidades de incendios existe, entonces la pregunta es ¿nuestras construcciones frente al fuego son del todo seguras? Y ¿las medidas regulatorias de prevención y protección de incendios son adecuadas?

El nivel de exigencia que tiene la normatividad mexicana para la seguridad humana y protección contra incendios es insuficiente, prescriptiva e inspeccionada oportunamente en los tres niveles de gobierno. Por ejemplo, a nivel federal se cuenta con la NOM-002-STPS-2010, la cual requiere de un proceso de actualización acorde al México moderno, los estados cuentan con leyes y reglamentos de protección civil y los municipios con reglamentos, normas técnicas complementarias y códigos de construcción; sin embargo, las exigencias del cumplimiento pueden variar de una entidad a otra.

Conforme a la información desarrollada por el Crew de Revista Contraincendio, es imperativo contar con una normatividad homologada, obligatoria y de aplicación nacional que permita pasar de las condiciones de seguridad mínimas a la protección integral acorde al desarrollo y crecimiento de nuestro país.

Otras de las causas más comunes son los descuidos humanos, la incorrecta o falta de mantenimiento a las instalaciones especialmente en las instalaciones eléctricas y a las de gas, aunado al cambio o modificación del uso de suelo de las edificaciones que, originalmente estaba destinado lo que representa mayores riesgos, es decir, al incremento de ocupantes o de almacenamiento de materiales inflamables. Si un predio que estaba destinado a almacenamiento de materia prima realiza una extensión para implementar un área de producción aumenta los riesgos, por lo tanto los requerimientos de protección son distintos.

Existe de manera general la visión por parte de los inversionistas la mala apreciación de que la implementación de sistemas de protección contra incendios es más un gasto que una necesidad para preservar su inversión y la protección de sus ocupantes, dado que estos sistemas aparentemente no agregan valor y podrían invertir en mayores acabados que le den más plusvalía o la adquisición de alguna maquinaria que les permita incrementar su producción.

Las necesidades de los bomberos

Los bomberos son en verdad una parte fundamental en el tema de seguridad y quizás la que más deberían de contar con la atención de gobiernos, empresarios y sociedad en general, por que de ellos depende controlar los incendios originados.

Sin embargo, los cuerpos de bomberos no están dentro de una legislación, pero no los contempla como una corporación, la mayoría no cuenta con apoyos federales, estatales ni municipales. Generalmente, son cuerpos voluntarios o patronales por lo que tienen que subsistir por sus propios medios.

Experiencia ajena

En los Estados Unidos se logró reducir significativamente las pérdidas humanas y económicas en 30 años, del 29 por ciento en 1980 a un 14 por ciento en 2010, y sus efectos en el PIB fueron de 3.3 por ciento  a 2.2 por ciento; esta reducción se debe a los cambios en la regulación entre los años 70 y 80, al exigir el uso de tecnología de prevención como la detección de humo, alarmas y rociadores automáticos.

No debemos esperar a que sigan sucediendo tragedias como las ya conocidas, debemos de sensibilizarnos ante la problemática y unir voluntades para ser conscientes de los riesgos a los que nos enfrentamos en el umbral de una transformación de nuestras ciudades, en donde la seguridad humana debiera de ser uno de los factores primordiales, además de la continuidad de operaciones de un negocio y limitar las pérdidas económicas para verdaderamente ser una sociedad resiliente.

Por: Victor Espinola Llaguno

image_pdfimage_print
Compartir en:
Evalúa el artículo

lectores@revistacontraincendio.com

Sin comentarios

Deja un comentario