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Revista ContraIncendio 2017
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Shock post traumático en bomberos

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El fuego no es lo único que atenta contra la vida y bienestar de sus víctimas, la mente es un campo de batalla igual de letal.

Los accidentes, desastres naturales, pérdidas e incidentes de fuego, entre otras cosas, tienden a dejar más secuelas de las que podemos observar a simple vista. En innumerables ocasiones, se cree falsamente que una vez controlada la situación todo volverá a la normalidad, pero no es así. Este tipo de tragedias afectan tanto a las víctimas que las sufren como a quienes prestan un servicio de auxilio o atestiguan el evento. Con motivo del mes de la salud mental, entrevistamos a un experto de la mente acerca de las consecuencias emocionales y mentales que pudieran generarse en personas cuya labor es de alto riesgo, como en el caso de los bomberos, paramédicos, policías, etc.

El shock post traumático se manifiesta en una serie de signos y síntomas tras haber experimentado una situación peligrosa o amenazante. Hay cuatro factores que intervienen en este fenómeno: el individuo, la situación, el tiempo de exposición y lo que esto significó para quien lo presenció. Esto nos lo explica el psicoterapeuta Hugo Cantú González.

“Por lo general, este tipo de estrés suele ser provocado por situaciones cercanas a la muerte, peligro, violencia o daño a la salud”, comenta el especialista en Terapia Racional Emotiva.

De acuerdo con Cantú, puede suscitarse por una experiencia directa con el suceso traumático o por la presencia de un acontecimiento ocurrido a otros. Esto quiere decir que cualquier testigo de un incidente de tales magnitudes puede desarrollar esta condición, a pesar de no haber sufrido repercusiones en su persona.

Conforme al manual de diagnóstico, DSM V, después de una vivencia de esta naturaleza es normal que se presenten trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, como recuerdos angustiosos, recurrentes e involuntarios y sueños agobiantes; reacciones disociativas y fisiológicas intensas ante hechos internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso traumático; evasión de recordatorios, personas, lugares, conversaciones, actividades, objetos y situaciones que despierten recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos relacionados con el suceso; percepción distorsionada persistente y sentimientos de culpa, etc. 

¿Cómo afecta esto a los bomberos?

La respuesta es sencilla: “Al tener una experiencia en la que la vida o la salud ha sido amenazada, la víctima puede asociar cualquier objeto, persona o lugar que haya estado en el momento traumático con algo peligroso; de esta manera, se hace un aprendizaje o condicionamiento que ocasiona muchos problemas de ansiedad. Y cada que se presente el objeto condicionado, también se presentará la misma respuesta de angustia y estrés, como si ocurriera de nuevo el incidente, al igual que el sistema de alerta o la expectativa de riesgo en niveles superiores a los normales”.  En el caso de los bomberos, asegura el psicoterapeuta, es una respuesta muy común, pues no siempre saben lidiar con las circunstancias a las que se enfrentan, a pesar de estar preparados para ello.

“Las personas habituadas al fuego tienen un entrenamiento de exposición de eventos potencialmente mortales, en los que, automáticamente, entran a un estado adrenalizado y el organismo se prepara para sobrevivir; podemos ver un aumento de la fuerza física, rapidez y agudización de la memoria; el umbral del dolor se modifica, hay exclusión acústica y visión de túnel. Estos factores son naturales y en algunas ocasiones pueden ayudar o perjudicar a la persona en cuestión. Pero al tener experiencias repetidas, estos efectos se vuelven menos intensos porque el organismo tiene el fenómeno de la habituación, mismo que provoca la desensibilización ante los incendios o eventos catastróficos y sus consecuencias. Las habilidades y efectos de la adrenalina son más controlables”.

La insensibilidad se da como mecanismo de defensa, ya que, en un evento altamente estresante, el organismo requiere adaptarse para evitar el desgaste. Otra función es la parte cognitiva, pues a través de la experiencia, los futuros eventos serán más fáciles de manejar. Lo que solidifica este aprendizaje es el haber vivido una o varias experiencias traumáticas y seguir vivo, comenta el especialista. Como diría García Márquez, “vivir para contarlo”.

Tener una percepción diferente y emociones menos intensas ante la desgracia ajena, permite regresar a un estado más estable después de las experiencias. La constante exposición va modificando lentamente la personalidad del individuo; comúnmente se dice que la va haciendo “una persona más dura”. Sin embargo, es una opción para sobrevivir.

“No podemos decir que es totalmente negativo. La parte positiva es que sirve para adaptarse y sobrellevar las situaciones difíciles del trabajo; el problema se presenta cuando este mecanismo se perpetua y no deja que la persona tenga la habilidad de recibir y percibir otro tipo de experiencias agradables, convirtiéndose entonces en una barrera difícil de quitar”.

El shock post traumático puede afectar en distintas formas, dependiendo de la vivencia de cada quien, sin embargo, la búsqueda de satisfactores también puede verse afectada en ambientes fuera de lo laboral, explica el especialista. “Puede que haya dificultad para abrirse ante distintos temas e ideas como la muerte o la salud”.

Tal vez, el afectado pierda interés en situaciones más “mundanas” o comunes, pues éstas le ocasionan emociones muy pobres.

Es importante detectar cualquier cambio de ánimo y actitud, pues algunos individuos pueden tener experiencias muy fuertes al inicio de sus carreras y cambiar casi de inmediato, mientras que otros pueden “acostumbrarse” a lo largo de los años. ¡Afecta a novatos y expertos por igual! 

En el caso de las personas con alguna predisposición o patología no manifiesta, hay que tener especial cuidado. “Existe una condición que se llama vulnerabilidad cognitiva que puede afectar a la personas altamente influenciables. Por eso es necesario que a los aspirantes se les realicen evaluaciones psicológicas y médicas para determinar si esto pudiera poner en riesgo su vida, su salud o la de los demás. Existen otros factores de personalidad patológica que son sumamente importantes, como una sociopatía o psicopatía, los cuales tienen un problema inmediato con la empatía…” Un impedimento terrible para esta profesión, ¿cierto?, porque impediría que se realizaran los objetivos primordiales, como preservar el bienestar y la vida y ayudar a las víctimas de los siniestros.

La solución: la luz al final de la tormenta

El psicoterapeuta recomienda que los bomberos y rescatistas (o cualquiera que se dedique a labores de alto riesgo) busquen formas de poder lidiar con las experiencias traumáticas y que los mecanismos de defensa se ocupen de manera consciente y sana. “La psicoterapia es una buena opción, ya que cada individuo tiene una forma diferente de procesar los eventos. Los grupos de apoyo primarios y secundarios, como la familia y amigos, también ayudan a mantener la salud mental. Es bueno buscar actividades que pudieran dar un contraste a las experiencias cercanas a la muerte, como una buena alimentación, chequeos médicos, higiene de sueño, viajes, ejercicio, lectura y ocio.

La familia es un pilar en este tema, pues con apoyo y comprensión, el afectado puede mejorar considerablemente. “Hay que tratar a la persona dependiendo del deterioro que presente y resolverlo a través del amor y el cariño, al igual que la compañía. Esto ayuda a sanar heridas. Es el principio de la resiliencia, que conlleva a un ambiente propenso para que exista una dinámica sana”. De acuerdo con Hugo Cantú González, lo mejor es no tratarlos con prejuicios o de manera ruda, sino enfocarse en resolver el problema de modo asertivo.

Por: Laura Duque

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