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Revista ContraIncendio 2017
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El riesgo de incendio no conoce fronteras

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Jon Michelena, de la CEPREVEN en Esaña, nos comparte sus experiencias en el ramo.

La concientización oportuna acerca del mundo en el que vivimos y de los riesgos que se nos presentan, ya sean naturales u originados por los mismos hombres, como es el caso del fuego, es un tema esencial para un sinfín de personalidades, asociaciones y centros especializados alrededor del mundo; la CEPREVEN es uno de ellos.

Pero ¿qué es CEPREVEN?

Nacida hace 42 años y declarada de Utilidad Pública por el Consejo de Ministros en 1981, la Asociación de Investigación para Seguridad de Vidas y Bienes (CEPREVEN) se dedica a fomentar la prevención de riesgos, así como disminuir sus efectos y consecuencias, ya sean en el aspecto humano o en el económico, siempre teniendo en mente la protección de la vida y los bienes sociales.

Desde su creación, el centro fue pensado para promover la prevención- asegura Jon Michelena, Director General de la Asociación-. Fue patrocinada por la Patronal del Seguro a imitación de los grandes centros de producción europeos de la época.

“La idea era crear un espacio que desarrollara información y publicaciones para el mercado contra incendio, que en aquél momento estaba naciendo”, confiesa el directivo.

En un principio, para la CEPREVEN, la actividad primordial fue la prevención de incendios, robo de institución, transporte de mercancías peligrosas, el desarrollo de publicaciones y el tema nuclear, entre otras cosas.

Asimismo, en materia de regulación, Michelena se interesa por el tema de la fusión laboral entre el gobierno de España y las distintas localidades que forman la península, y explíca que todo este proceso “tiene su centro en la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR), encargada de hacer las normas”. De hecho, afirma Michelena, muchas de las normas  que se realizan en Europa son a través de esta asociación.

Por otro lado, el Director General hace hincapié en que la labor de normalización, como tal, nunca ha sido obligatoria en la CEPREVEN, ni ha tenido esa intención. “Hacemos normas voluntarias para quienes quieren garantizar  la seguridad de sus trabajos”, explica el director, motivo por el cual cree que quienes acatan estas normas lo hacen por un compromiso puro, aunque esto no impacte en materia de seguridad a mayor escala; sin embargo, no todos los industriales españoles comparten este sentido de responsabilidad y ponen en riesgo su patrimonio y el bienestar de sus trabajadores. 

Ante el problema de la desinformación

Hoy en día, vivimos en una sociedad expuesta, para bien o para mal, a los medios de comunicación masivos y al bombardeo constante de información, por lo que es difícil creer que siguen existiendo países, aun con ventajas innegables en ámbitos como infraestructura, tecnología o ingeniería civil. en los que la comunicación mediática y organizacional, relacionada con temas afines a la industria, es turbia y censurada; tal es el caso de España.

“En España, no hay estadísticas serias, y eso es un gran problema, pues por esto la gente no percibe a los incendios como un riesgo real.  Es una de las grandes carencias que tiene la sociedad española. Los bomberos hacen algunas aportaciones por su cuenta. Es una de las grandes demandas, pero no concebimos saber más de lo indispensable.  En España, la información se guarda mucho”, asegura Jon.

La información se ha convertido en una de las grandes demandas de la región europea, según Michelena,  quien admite sentirse celoso del acceso a esta herramienta por parte de otros países y tiene la enmienda, junto con CEPREVEN, de promover la apertura a las estadísticas de incendios.

“Cuando no cuentas las cosas, es difícil que las gestiones”, condena el directivo, pues cree que, a menos que haya un incendio grande y significativo se arma revuelo en España, aunque no haya repercusiones sociales, económicas o ambientales más allá ni se generen estadísticas para decirle a la gente cuántos incendios hay en industrias periódicamente.

Jon explica que, parte de que las aseguradoras sean muy herméticas a la hora de compartir información, existe una ley de protección de datos muy estricta. El problema subyace en el fondo. Y, a pesar de que hay una identidad que recoge ciertos datos, el tema de incendios se pierde en el medio por la estructura que tienen cada una de las compañías. Es casi imposible que, ante esta premisa, no se presente la siguiente interrogativa: si la población española contara con más información acerca de incendios y el inminente riesgo al que están expuestos, ¿se volverían más sensibles y conscientes respecto a este tema?

Parte de la naturaleza de la desinformación recide en algo llamado “pólizas multirriesgo”, un seguro que tiene como finalidad brindarle una protección integral a su asegurado ante las posibles pérdidas (o percances) que pudieran ocurrirle.

Antes habían seguros por robo, daños por agua, incendios, accidentes automovilísticos y otras cosas- explica Michelena-, pero ahora una única póliza te cubre todo, por lo que, al final, cuando las aseguradoras intentan sacar estadísticas, éstas son generalizadas y no se sabe bien qué genero los incidentes.

Jon Michelena está consciente de que las cifras, sobre todo aquellas que refieren al fuego, en su país son turbias. Él estima que al año ocurren 130 incendios (generalmente en invierno y provocados en viviendas) en toda España. Comparado con otros lugares del mundo, incluso México con más de 15 mil siniestros reportados en el último año por algunos medios de comunicación, esta cantidad no es muy alarmante.

“El incendio es algo etéreo, algo que ocurre, sí, pero poco”, comenta Jon. Tal vez, éste sea uno de los principales motivos por el que el común denominador de la población española refleja una clara indiferencia, pues no se toma como un peligro real. “La gente en mi país piensa que el incendio es algo que le pasa a alguien que no conoce y que, además, sucede en un lugar lejano. Es muy difícil que perciban que esto les puede pasar a ellos”, anota el directivo.

Pero hay que tomar en cuenta que, si bien es baja, esta cifra es meramente virtual, pues las pólizas multirriesgo agrupan a los incendios con otros infortunios, confundiendo las métricas.

De acuerdo con Michelena, la desinformación es también el talón de Aquiles en el marco de la obligatoreidad en España, pues sigue siento un asunto delicado y carece de supervición al respecto, ya que tanto empresarios como inversionistas hacen lo mínimo necesario para cumplir con lo que se requiere, y así obtener y conservar sus papeles en “orden”.

Más que un estilo de vida, una profesión de corazón

En México, contamos con la peculiaridad de que la mayoría de nuestros bomberos son voluntarios, un acto muy loable, sin duda alguna, pero pocas veces se les proporciona un entrenamiento adecuado. Por el contrario, en España, de acuerdo con Michelena, la situación funciona a la inversa: los bomberos son profesionales y hay pocos voluntarios. El ser bombero implica que la persona en cuestión tiene un carácter bien formado y una ambición muy fuerte.

“Muchos quieren serlo. Es un empleo muy codiciado, reconocido socialmente y bien pagado”, asegura Jon.

Los seleccionados están en capacitación constante, ya sea formación, estudios externos u actividades internas. Incluso en el cuartel siempre están haciendo ejercicio o prácticas- prosigue el Director General de la Asociación de Investigación para Seguridad de Vidas y Bienes-. No son bomberos de “estar esperando”. Otro dato importante, y que vale la pena mencionar, es que los bomberos voluntarios jamás cubren a los profesionales.

“Para ser bombero hay que realizar una serie de exámenes con pruebas sumamente exigentes y cosas que se tienen que superar. Hay academias dedicadas a formar a los candidatos. Una vez dentro, es el propio cuerpo de bomberos el que hace la formación para que tengan los conocimientos necesarios para poder trabajar como es debido y alcanzar las expectativas, que son muy altas”.

Dentro del cuerpo de bomberos de España podemos encontrar desde conductores, ingenieros, técnicos y arquitectos hasta individuos especializados en carpintería, que son quienes taladran los muros durante un incendio, entre otros oficios.

La ventaja de la profesionalización es evitar improvisar, sin previo conocimiento de causa, durante una emergencia y salvar la mayor cantidad de vidas posible. El profesionista conoce a la perfección las normativas del lugar donde vive, y eso es invaluable.

Y aunque España es, desde el punto de vista de Jon, líder en materia de regulación, aún faltan muchas cosas por hacer; “Alemania es otro de los pilares en protección, debido a sus ideas claras y al funcionamiento óptimo de sus servicios”. El camino es largo, y el actual director del CEPREVEN no teme aceptarlo, pero una cosa sí es segura, está convencido de que poco a poco este panorama cambiará y algo bueno saldrá de ello. En Europa ya está sucediendo este cambio, y próximamente la concientización podría ser una realidad tangible.

>“La gente en mi país piensa que el incendio es algo que le pasa a alguien que no conoce y que, además, sucede en un lugar lejano. Es muy difícil que perciban que esto les puede pasar a ellos”.

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